Ruta: Diario de la visita El Árbol del Pan (Aut@r: Rosa O.C. – asociad@ de 2decologico)

Nuestro periplo comenzó el día 19/5/18 a las 10:30 horas en la calle Barceló. Allí embarcamos Joen, Almudena, Raúl y Rosa (la que escribe) rumbo a Fresnedillas de la Oliva, donde se encuentra El Árbol del Pan.

En el camino fuimos charlando e incluso Raúl vaticinó lluvia para el medio día, cosa que me parecía increíble por el derroche de sol que nos estaba acompañando.

Aterrizadxs en nuestro destino, salió a recibirnos Sebastián, el artista del pan, a quien le debemos esas hogazas tan ricas, nutritivas y bonitas por la variedad de semillas que le añade.

Nos sugirió que nos diéramos una vuelta mientras llegaba su hijo para acompañarnos al río, mientras se hacía la paella.

Como estábamos al lado del Museo Lunar, seguimos nuestra curiosidad y allí entramos para ver qué se exponía. No habían bajado pedazos de luna, ni selenitas, ni se sentía la ausencia de gravedad, así que lo dejo a vuestra imaginación.

Decidimos caminar por el campo, encontramos un camino que atravesaba amapolas, margaritas, malvas, dientes de león, jaras, hisopos, colzas… teniendo la suerte de disfrutar el esplendor de los amarillos, verdes, rojos, morados… antes de que transformen en matorral.

Volvimos a la panadería. Se entra por la tienda y detrás del mostrador está la máquina para amasar, el horno, la cortadora… me llamó la atención una pizarra en la que tenía apuntados todos los tipos de panes que fabrica.

Sebastián nos ofreció una tapa de pan de espelta con queso de la zona.

Tras esta degustación salimos para el río acompañadxs de Jaime junto con Pandora y Espartaco, sus perrxs.

Ya veíamos que se estaban acercando nubes negras, la luz se tornó grisácea y a la media hora aproximadamente de ruta, el cielo descargó sobre nosotrxs toda el agua que llevaba dentro.

Nos refugiamos bajo uns árboles y empezó a granizar. Mi cuerpa no entendía nada… ¿Cómo era posible que un par de horas antes mi piel parecía la de una gamba y ahora estaba completamente empapada y tiritando de frío?

Aun así, daba gusto el olor a tierra mojada y contemplar el brillo de las gotas cuando se deslizaban  por las hojas.

Como no amainaba el chaparrón, llamamos a Sebastián para que nos rescatara y allí apareció con toallas, ropa seca y nos llevó de vuelta a todxs en la furgoneta, menos a Espartaco, que en cuanto olió la que nos iba a caer, salió corriendo para la panadería y allí nos dejó cantando bajo la lluvia.

Qué placer volver a entrar con el horno encendido para calentarnxs y tomarnxs una cerveza artesana.

Como la temperatura volvía a ser agradable, pusimos la mesa al aire libre, donde cominos una deliciosa paella hecha con verduras ecológicas acompañada de una suculenta ensalada. No podía faltar pan de espelta, de multicereales y vino de la tierra.

Sebastián nos contó que el domingo es el día que él produce y lo hace según los encargos, pero nos apeteció hablar más bien de la vida que de trabajo.

Llegada la sobremesa, no sabíamos si volver al río, ir al pueblo o tomar un café. Finalmente decidimos jugar al “culo”, nos echamos unas risas… ni que decir tiene que el culo es un juego de cartas, estratégico y divertido.

De vuelta al origen, sin sentirme la misma que me había montado por la mañana en el coche, me quedé dormida. Nos despedimos deseándonos volver a vernos en otra salida y en el metro no me pude resistir a abrir el bizcocho que había comprado en la panadería de naranja con semillas de amapola y saborear a pellizquitos cada momento del día.